Cómo elegir el vino de la casa de tu restaurante
Si casi todas las mesas piden el vino de la casa, ese vino decide gran parte de tu margen. Criterios para elegirlo, ponerle precio y usarlo como puerta.
En sala, muchas mesas no piden un vino por su nombre, sino con una pregunta: "¿qué tenéis de la casa?". El vino de la casa es la opción por defecto para quien no quiere leer la carta ni equivocarse. Por eso merece tanta atención como la referencia más cara: es el vino que muchas mesas piden sin haberlo elegido de forma consciente.
Qué papel cumple el vino de la casa
Es una respuesta rápida para el cliente y una forma sencilla de vender para el equipo. Funciona bien cuando es fiable, encaja con la cocina y tiene un precio que se entiende a la primera. Funciona mal cuando se elige solo por coste y acaba transmitiendo la idea de que el vino del local no merece atención.
El síntoma: casi todo el vino que vendes es el de la casa
Que el vino de la casa venda mucho no es un problema en sí. Lo es cuando ocurre porque la carta intimida, porque nadie ofrece alternativas o porque el siguiente escalón de precio parece un salto. Para saberlo, mira en el TPV qué parte de las ventas de vino corresponde a la casa, cómo evoluciona y qué piden las mesas que no la eligen. Si apenas hay ventas en el escalón inmediatamente superior, el problema no está en el vino de la casa, sino en lo que lo rodea.
Criterios para elegirlo
Busca un perfil amable y versátil, que acompañe la mayoría de platos sin imponerse. Prioriza la continuidad: un proveedor que pueda servirlo de forma estable y avisar de los cambios de añada. Comprueba cómo aguanta una vez abierto si lo vas a servir por copa o en jarra. Y cátalo con el equipo y con la comida real, no solo en una cata de distribuidor. Según el local, conviene tener al menos un blanco y un tinto, y valorar un rosado o un espumoso si tu público lo pide.
Cómo ponerle precio
El vino de la casa debe ser la entrada de la carta, pero no tan barato que la siguiente opción parezca desproporcionada. Calcula su precio por copa con el rendimiento real de la botella y la merma esperada, y revisa la relación entre copa, jarra y botella para que ningún formato quede descompensado. Mira el margen en euros por servicio, no solo en porcentaje: suele ser la referencia que más unidades mueve.
Ponle nombre y explícalo
Decir solo "de la casa" obliga al camarero a improvisar. Si en la carta y en sala se indica la bodega, la zona, la uva y una frase sobre su estilo, siempre con los datos que figuran en su etiqueta o en la documentación del proveedor, el cliente entiende lo que pide y el equipo tiene un punto de partida para recomendar. También facilita los cambios: cuando lo sustituyas, sabrás describir la nueva referencia con el mismo criterio.
Úsalo como puerta, no como techo
La recomendación más sencilla parte del vino de la casa: "nuestro tinto de la casa es ligero y frutal; si le apetece algo con más cuerpo, tenemos esta opción". Un escalón inmediato, bien elegido y con precio razonable, permite subir el ticket sin presionar. Ofrecer por copa esa segunda opción reduce el riesgo para el cliente que duda.
Formatos y control
Copa, jarra y botella tienen costes y mermas distintos. Registra cada formato como un producto diferente en el TPV y vincula cada uno con su unidad de consumo. Así podrás saber cuántas copas salen realmente de cada botella y detectar si la jarra se sirve más llena de lo previsto.
Cuándo revisarlo
Cata cada nueva añada antes de aceptarla, revisa el precio cuando cambie el coste y vuelve a mirar las ventas del escalón superior cada pocos meses. Si el vino de la casa gana peso y el resto de la carta lo pierde, vuelve a revisar la carta.
Cómo lo conecta Winerim
Con las ventas del TPV conectadas, Winerim Core cruza coste, precio de venta, formatos, ventas y stock de cada referencia, de modo que el vino de la casa se analiza con los mismos criterios que el resto de la carta. La carta digital permite organizar filtros y recomendaciones dentro del alcance configurado para que el escalón siguiente sea visible.